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Formación

Los grupos y la intervención comunitaria


Actividad acreditada con 0,3 créditos por el Consell Català de Formació Continuada de les Professions Sanitàries Comisión de Formación Continuada del Sistema Nacional de Salud

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Para consultar dudas contactar con pacap@samfyc.es

 

Elena Aguiló Pastrana. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Servicio Madrileño de Salud (SERMAS). Área Atención Primaria del Departamento Docente. Centro Marie Langer

Ayelen Losada Cucco. Terapeuta ocupacional. Área Docente. Centro Marie Langer

 

Para contactar:

Elena Aguiló: aguiloelena@gmail.com

 


 

Importancia del conocimiento de lo grupal para los profesionales y el trabajo comunitario en Atención Primaria

 

Comprender lo grupal va más allá de la utilización de los métodos grupales en la intervención comunitaria o profesional. Comprender lo grupal implica una concepción del ser humano, donde el ser humano se construye en las relaciones con los otros seres humanos. Siguiendo a Pichón Rivière1, sabemos que el grupo es un lugar diagnóstico y operativo por excelencia, y un espacio clave en los procesos de transformación2,3.

 

La realidad histórico-social determina cómo nos construimos como seres humanos, y eso se hace concreto en los grupos e instituciones en que se desarrolla nuestra vida cotidiana. Por eso el conocimiento de lo grupal es de enorme utilidad para comprender la realidad y transformarla. Tener conocimientos sobre los grupos no es algo propio o exclusivo de la psicología. Tener conocimientos sobre los grupos no es solo para quien trabaja con ellos. Todos estamos y vivimos en grupos.

 

Pero el conocimiento de lo grupal es también una «asignatura pendiente», una necesidad escasamente atendida en el desarrollo de nuestra formación como profesionales de la salud. Es un déficit de nuestras prácticas, que condiciona el escaso desarrollo que tiene la dimensión comunitaria de Atención Primaria (AP), y también muchos de los conflictos y bloqueos en los equipos de trabajo, que se elaborarían mejor con un mayor conocimiento de los fenómenos grupales4.

 

Por ello es necesario un acercamiento al conocimiento de lo grupal, sin pensarlo únicamente como una herramienta técnica o metodológica para la intervención. En este módulo formativo, dentro de las limitaciones de extensión, situaremos puntos de partida sobre lo grupal con los referentes teóricos significativosa, abordaremos algunas nociones básicas sobre los fenómenos del proceso grupal, para desarrollar posteriormente cuestiones de interés para el trabajo en grupo como instrumento de trabajo comunitario.

 

 

El grupo como espacio y el grupo como dispositivo

 

El conocimiento más difundido acerca de lo grupal, el que tenemos habitualmente los profesionales, se refiere a las técnicas o recursos grupales, que usaremos para coordinar o participar en los grupos. Es lo que se conoce como el grupo como dispositivo o método de trabajo.

 

Y es menos difundido el conocimiento de que el grupo es el espacio de construcción de lo humano. Con toda la complejidad de las relaciones humanas. Tener en cuenta esta realidad es entender «el grupo como espacio», para que cuando usemos el grupo como instrumento de trabajo, particularmente en el trabajo comunitario (como dispositivo, método), entendamos el uso de las técnicas y recursos como algo que solo tiene sentido en una realidad grupal viva que hay que comprender (y no como emplear una sucesión de recursos técnicos en la coordinación grupal). Esta cuestión es trascendental, y ocasiona muchas de las dificultades metodológicas y prácticas en relación con los grupos. La potencia transformadora de lo grupal viene de la comprensión de la realidad grupal como un espacio de construcción y re-construcción de lo humano5,6.

 

 

Fuentes del conocimiento de lo grupal

 

Pese a su trascendencia, el pensamiento sobre grupo ha sido bastante reciente en el campo de las ciencias y el pensamiento. Incluso hoy en día su lugar en el mundo académico es relativamente limitado, encontrándose fraccionado entre diversas disciplinas. El conocimiento del grupo como objeto de estudio parte de los desarrollos pioneros de E. Mayo y K. Lewin a mediados del siglo XX, y recoge los aportes de diversos autores y corrientes de pensamiento7 de Norteamérica, por un lado, y de Europa y América Latina, por otro. Destacamos los aportes de E. Pichón Rivière, creador de la Psicología Social, e inspirador de la comprensión de los fenómenos grupales. La Metodología de los Procesos Correctores Comunitarios (ProCC), que ha sistematizado una propuesta de intervención comunitaria con un método grupal específico, y la del Grupo Formativo, que trabaja con los malestares cotidianos, dirigidas a la trasformación social son nuestro punto de partida teórico y metodológico.

 

Elementos conceptuales básicos para la comprensión de los fenómenos grupales. El grupo como espacio humano

 

¿Cómo podemos definir un grupo?

 

E. Pichon Rivière realizó la definición de grupo incluyendo los elementos conceptuales del grupo como espacio dinámico. Esta definición la hemos desglosado en la tabla 1 y, siguiéndola, poco a poco empezamos a entender qué significa el espacio grupal.

 

 

TABLA 1. LOS GRUPOS Y LA INTERVENCIÓN COMUNITARIA

¿Cómo podemos definir un grupo?

Pichon Rivière definió GRUPO como:

Por ejemplo

«Un grupo es un conjunto restringido de personas…

Entonces, ¿todas las personas rubias de una ciudad son un grupo?

… que ligadas por constantes de tiempo y espacio…

No. Para ser un grupo es preciso que compartan un tiempo y un espacio.

… se proponen de forma explícita o implícita la realización de una tarea…,

 

¿Basta compartir tiempo y espacio? Por ejemplo: ¿las personas que esperan en una parada de autobús constituyen un grupo?

En principio, no: para ser un grupo hace falta un objetivo común, una tarea, que constituye su finalidad.

… labor que constituye su finalidad,

Nos juntamos aquí y ahora para algo.

Este algo es la tarea grupal

… interactuando para esto a a través de complejos mecanismos de adjudicación y asunción de roles…

Las relaciones dentro de un grupo se establecen mediante

los ROLES GRUPALES.

Conocerlos ayuda a decodificar lo que pasa en un grupo.

Pichon Rivière definió unos roles básicos: portavoz, líder, boicoteador, chivo expiatorio, mayoría silenciosa

 

Los roles se adjudican y asumen por los integrantes del grupo. Puede adjudicarse un rol a una persona en un grupo, y ella puede o no puede asumirlo:

–Ve tú, que eres más lanzado.

–No, de eso nada. (O bien: «Vale, voy»)

… y estando articulados por sus mutuas representaciones internas…

Es interesante cómo se hacen esas adjudicaciones. Muchas veces no son conscientes.

A veces una persona que acabo de conocer en un grupo me cae mejor o peor antes de que hable, pues me recuerda a alguien y «me hace sentir que será de determinada manera»

Es decir que los roles se adjudican y asumen por los participantes de un modo en el que influyen tanto cuestiones personales

(cómo es cada persona, sus motivaciones, su educación, su trayectoria relacional, etc.)

… y por los determinantes institucionales y sociales en juego»

como institucionales y sociales

(género, clase social, nivel educacional, posición institucional, profesión, etc.)

 

 

 

Objetivo, tarea y proceso de un grupo

 

Si vemos que un grupo es un conjunto de personas que comparten tiempo y espacio en función de una tarea, es muy importante identificar y explicitar en un grupo cuál es el objetivo, la tarea. La tarea del grupo implica hacer algo, aprender algo, y para lograrlo se tiene que desarrollar un proceso (la palabra «proceso» remite a desarrollo témporo-espacial), para que después haya un cambio.

 

Los términos «tarea», «aprendizaje», «proceso» y «cambio»8,9 son aspectos claves del fenómeno grupal. Aprendizaje y cambio nos remiten a algo «nuevo», y enfrentarse a lo nuevo genera en las personas un conjunto de sentimientos contrapuestos: interés, ganas, inseguridad, miedo, ilusión, necesidad de replantearse lo conocido e integrar lo nuevo, etc. En definitiva, enfrentarse a lo nuevo, y hacerlo en grupo, implica una serie de inquietudes y ansiedades que son normales y forman parte de cualquier proceso de aprendizaje grupal.

 

Estas ansiedades frente al cambio deben ser consideradas, calmadas, contenidas, de lo contrario se pueden aumentar demasiado, y convertir en resistencias. Resistencias al cambio. La resistencia al cambio se produce en un grupo cuando las ansiedades normales frente al cambio no se trabajan y el proceso grupal se estanca. Atender al estado de las ansiedades frente al cambio de los participantes de un grupo es la labor más importante de su coordinador. No hay que olvidar que, cuando se habla de grupos, la palabra «ansiedad» no tiene un significado patológico. Al contrario: no se puede aprender sin un monto razonable de ansiedad. Y elaborar la ansiedad y la resistencia al cambio forma parte del proceso grupal.

 

 

Planos temático y dinámico proceso grupal

 

Pichon Rivière, en su estudio de los grupos, identificó y definió dos planos de la tarea grupal: el plano temático y el plano dinámico.

 

El plano temático es el tema, la información o las cuestiones concretas que se trabajan en grupo. El plano dinámico es cómo el grupo va enfrentando los obstáculos y ansiedades que se le presentan en su tarea. Esto sería la dinámica grupal, que es tan importante como el propio tema, y deben trabajarse siempre juntos.

 

Reivindicamos la necesidad de prestar atención a la dinámica grupalb. En el sentido de cómo y desde qué interjuego de roles el grupo afronta los obstáculos del aprendizaje. Las ansiedades normales, las resistencias, los momentos grupales de estar centrados en la tarea y ser productivos, resolviendo e integrando, y también los momentos de rehuir las dificultades de la tarea («como si» ya las hubieran resuelto, pero sin haberlas afrontado), los implícitos y otros obstáculos, todos ellos son elementos del plano dinámico.

 

Está sobradamente comprobado que solo con información no se garantiza que un grupo logre la tarea, solvente los obstáculos y se produzca el aprendizaje, el cambio. Además de dar información, se necesita elaborarla; la información se tiene que digerir, y esto corresponde al plano dinámico del proceso grupal. Y ambos planos se trabajan metodológicamente juntos. Veremos cómo puede hacerse esto, al hablar de los diferentes recursos metodológicos, en el apartado siguiente.

 

Elementos teórico-metodológicos para la intervención. El grupo como dispositivo en la práctica comunitaria y la promoción de salud

 

Los grupos como instrumento de trabajo comunitario

 

Los grupos son un instrumento de trabajo esencial10, particularmente en el trabajo comunitario. La aplicación del conocimiento de la realidad grupal nos permitirá hacer un mejor uso de los métodos, las técnicas y los recursos: utilizarlos como algo que solo tiene sentido en una realidad grupal viva que hay que comprender, y no como un recurso técnico aislado que se explica por sí mismo.

 

Plantearemos algunas cuestiones metodológicas y diversos recursos técnicos11 básicos para el trabajo grupal: la disposición espacial, el encuadre, el tipo de reunión, el manejo de los tiempos y el tema a tratar, las ruedas y el trabajo por subgrupos. Finalmente, realizaremos algunas consideraciones acerca del rol del coordinador de grupos.

 

1. La disposición espacial

 

Para realizar cualquier tarea buscamos colocarnos del modo más favorable. Para hacer una tarea grupal hay modos de situarnos en el espacio que facilitan el proceso grupal, y otros modos que lo distorsionan. Es muy importante prestar atención a la disposición espacial de las personas en un grupo; el proceso va a ser diferente según se sienten en círculo, en fila, con o sin mesa, o mirando cada uno la cabeza del que tiene delante; si estamos con luz o en una sala oscura mirando una pantalla; etc. Hay muchas cosas del proceso de un grupo que están en juego en la disposición espacial.

 

Un grupo hace mejor su trabajo y su proceso cuando la comunicación verbal y no verbal fluye fácilmente; si los participantes y quien coordina pueden oírse y verse las caras, y también la actitud del cuerpo completo; cuando todos son lugares de igualdad y no hay lugares de preferencia de unos miembros sobre otros, como sucede cuando hay filas. Tenemos el ejemplo en las aulas escolares, donde los puestos de los que se sientan detrás y los que se sientan delante nos muestran que la disposición espacial no es inocente, y que puede condicionar estancamiento de roles grupales en función del lugar físico que se ocupa. La única disposición que evita que haya lugares físicos diferenciados (delante y detrás) es el círculo. El círculo da a todos un lugar con la misma preferencia, no hay delante ni detrás, y es el modo natural de reunirse los seres humanos (frente al fuego, en torno a la comida, en los corrillos informales, etc.). Sin embargo, muchos años de aprendizaje escolar, centrado en la trasmisión unidireccional de conocimientos –«bancario» (de banco escolar) al decir de Paulo Freire–, han ido condicionando un cierto acostumbramiento a la disposición espacial en filas de sillas, donde los asistentes miran al ponente (que se posiciona como lugar de único saber) y apenas pueden verse entre sí. Modificar esta disposición espacial es apostar desde el inicio de la tarea grupal por construir un saber colectivo. Para ello ciertamente la colocación en el espacio marca una condición importante, muy necesaria, pero no suficiente; hay otras cuestiones que determinan también el logro de estos planteamientos relativos a los vínculos grupales que se establecen que sean más bien cooperativos o, por el contrario, de dominio-sumisión.

 

Así pues, aunque pudiera parecer una cuestión menor, la disposición espacial es importantísima: para favorecer el proceso grupal, nosotros proponemos que la disposición espacial tiene que ser en círculo.

 

Cuando vamos a iniciar una actividad grupal, a menudo debemos usar salas de otras instituciones que no conocemos previamente, y muchas veces no reúnen las condiciones deseadas, y las sillas están colocadas en filas. Todos los esfuerzos que haga el coordinador por modificar esta disposición redundarán en beneficio de la tarea grupal, aunque retrase unos minutos el inicio de la sesión y aunque pueda parecer preferible utilizar la disposición que nos encontramos «para no crear tensiones» en los momentos iniciales. Una disposición de las personas condiciona el modo de aprendizaje y las instituciones utilizan la que prefieren dentro de sus ámbitos de influencia. Esta contradicción sobre la organización del espacio es notable en los ámbitos educativos. Y es notorio que, cuando se dice a quien va a trabajar en grupo «Cuando terminen, vuelvan a dejar la sala ordenada», se está implicando una única idea de orden o de organización espacial para el trabajo de aprendizaje. Por el contrario, nosotros siempre aconsejamos hacer los cambios necesarios para organizar el espacio de trabajo y que los participantes puedan sentarse en círculo. Dar desde el inicio un lugar a cada persona, no marcar un lugar tan diferente entre coordinador y participantes, marca una propuesta grupal diferente, más acorde con la función de participación, transformación y cambio que las actividades grupales y comunitarias persiguen.

 

2. El encuadre

 

Hacer un buen encuadre es un elemento esencial para la contención de un grupo. Encuadre es la delimitación clara y definida de las características del trabajo grupal. Se informa del horario, sesiones, normas del grupo (teléfonos en silencio, descansos, avisos, etc.), así como del modo de trabajo grupal, mostrando las funciones y responsabilidades del coordinador y de los participantes. El encuadre, en definitiva, permite situar la tarea.

El encuadre sitúa a los participantes al inicio y les permite «saber a qué atenerse» y ajustar sus expectativas. Baja la ansiedad del grupo y va creando las primeras conexiones entre el grupo y el equipo coordinador.

Nunca debemos olvidar dedicar al encuadre los primeros minutos de cualquier trabajo grupal, sea del tipo que sea y ya sea de larga o corta duración.

 

3. El tipo de reunión grupal

 

Según la tarea que se plantea a un grupo, se va a determinar el tipo de reunión y el manejo óptimo de sus tiempos.

 

Un grupo puede reunirse para recibir una información, para deliberar sobre un tema, que generalmente deberá haber sido previamente informado, y para tomar una decisión (consensuada) al respecto en esa misma reunión. Y, según cuál vaya a ser el tipo de reunión (informativa, deliberativa o de decisión), requerirá una previsión de tiempos diferente, lo que debe ser tomado en consideración desde la preparación, convocatoria y encuadre. Serán reuniones más cortas en el caso de tratarse de una reunión informativa, con tiempo ajustado para que la información aportada sea suficiente para los participantes y permita las preguntas aclaratorias que se necesiten. Muchas de las reuniones que tienen como único objetivo transmitir información pueden resolverse por otros medios no presenciales.

 

Si es necesario tratar algo más que información, entonces la cosa cambia. Si la tarea de un grupo requiere deliberar sobre la información aportada y analizar sus matices y sus implicaciones, desde los diferentes puntos de vista de los participantes, para producir cualquier cambio real, entonces forzosamente se necesitará un tiempo mayor que si la reunión fuese meramente informativa.

 

Y es muy común no prestar atención a esta diferencia sustancial, lo que crea en el rendimiento de las reuniones de un equipo de trabajo muchas distorsiones, déficits, conflictos y malentendidos que generan inoperancias. Es imprescindible, al preparar y convocar una reunión deliberativa, hacer previsión del tiempo necesario de debate y deliberación. Mucho más si los participantes deben llegar a acuerdos, para que estos sean operativos. El trabajo grupal es una herramienta excelente para analizar temas o problemas en toda su complejidad, y para aplicarla a situaciones prácticas también complejas. Requiere contar con tiempo para la elaboración, y no solo para el planteamiento del tema.

 

Toda sesión comunitaria siempre es deliberativa, y precisa por ello no menos de 90 minutos (y tampoco más de 2 horas, generalmente).

 

4. Momentos de una reunión grupal

 

El tiempo de una sesión se distribuye en diferentes momentosc. En función del proceso de elaboración grupal, tiene que haber un Momento Inicial para que el grupo empiece a contactar con la tarea grupal y separase paulatinamente de las actividades previas; y tiene que haber un Momento Final, para realizar una integración de lo realizado y poder cerrar la actividad con perspectiva evaluativa, y despedirse.

 

Se recomienda que el tiempo de elaboración sea al menos de igual duración que la presentación o planteamiento del tema.

 

Es un error común en la planificación de reuniones o sesiones grupales en el trabajo comunitario o en otros ámbitos descuidar la previsión de estos tiempos elaborativos. El tiempo elaborativo es necesario porque es el momento en el que el grupo reflexiona sobre las implicaciones prácticas y se detectan obstáculos, que el grupo va manifestando en el plano dinámico, afrontando las dificultades, usando sus potencialidades creativas y tratando de establecer estrategias para lograr la tarea. Cuidar este proceso elaborativo y tratar de que el grupo alcance su objetivo es tarea clave del coordinador del grupo.

 

En el caso de que se deba llegar a acuerdos, que luego pretendemos que sean operativos en la vida cotidiana de los grupos e instituciones de que se trate, el tiempo necesario será mayor. Para lograr un acuerdo o consenso grupal, es necesario hacer una buena elaboración del asunto planteado; y trabajar en un clima que permita la participación real, en que los miembros del grupo, «desde sus mutuas representaciones internas y con los atravesamientos institucionales y sociales en juego», tomando una vez más las palabras de E. Pichon Rivière, puedan expresar sus relaciones con el objeto de trabajo, intereses, saberes, dificultades, conflictos en un clima que no implique juicio. Solo así pueden hacerse explícitos los implícitos, conflictos y malentendidos, y llegar a un verdadero acuerdo grupal. Necesitamos un trabajo cuidadoso de la dinámica grupal, y para ello es muy importante la elección de los recursos metodológicos que se usen. El plano dinámico y el temático no se trabajan por separado, sino a la vez, mediante la elección de los recursos metodológicos más adecuados. Los recursos metodológicos tienen que facilitar la elaboración y la creación de un buen clima para que el grupo resuelva los obstáculos (que siempre existen, todo aprendizaje tiene obstáculos y ansiedades normales).

 

5. El tema a tratar

 

Si preparamos una reunión cualquiera, es importante informar sobre el tema que se va a debatir, para que los participantes hayan podido conocerlo previamente y prepararse para la reunión, hacerse una idea de su posición ante ella. El desconocimiento del tema a tratar y la falta sistemática de orden del día en las reuniones (por ejemplo, en los equipos de trabajo institucionales) generan actitudes de pasividad y menor implicación en el proceso de deliberación. Si las reuniones son solo informativas, posiblemente es mejor el correo electrónico o un medio escrito. También en ocasiones se quiere dar apariencia de deliberación a reuniones en las que solo se presentan instrucciones o se dan informaciones, aunque estas incoherencias éticas son fácilmente identificadas por cualquier persona, y en no pocas casos constituyen toda la «cultura de una organización».

 

En el trabajo de intervención comunitaria, donde la perspectiva ha de ser necesariamente integradora de aspectos psicosociales, muchas de las sesiones grupales abordadas tratan temas o problemáticas con alta implicación vivencial, y movilización de emociones diversas en los integrantes del grupo. Cuestiones relacionadas con la salud mental o sexual, problemáticas de género, situaciones conflictivas intrafamiliares, pautas de crianza infantil, transiciones vitales, afrontamiento de enfermedad, del hecho de cuidar a personas dependientes, situaciones al final de la vida, fenómenos como la inmigración, el desempleo, por citar solo algunas, son cuestiones que precisan para su buena elaboración una cuidadosa atención al tema y a los aspectos dinámicos del grupo al afrontarlas. Y para que la elaboración grupal de estos temas sea buena, desde ProCC (Cucco 2006, p. 202) señalamos que es necesario contar con un Hilo Conductor adecuado de las sesiones y el programa: implica un orden favorable en las exposiciones, intervenciones y recursos que integren el Hilo Lógico (información-explicación de temas), con la expresión de posturas vivencias y conflictos (Hilo Elaborativo), para que así las ansiedades (normales) que cada problemática genera puedan ser adecuadamente elaboradas en el grupo buscando un paso de cambio hacia situaciones de mayor protagonismo.

 

Por tanto, no debe improvisarse un hilo conductor al preparar una sesión sobre estas cuestiones, e importa un cierto conocimiento, más allá de la simple información del tema que se plantea, que no ignore sus implicaciones en la población participante. Hay temas que movilizan mucho a los participantes, pues conectan con aspectos de su subjetividad e intimidad personal, de sus valores e ideologías, y se desencadenan cuestiones conflictivas desde diversos puntos de vista; y esto ocurre tanto si estas se hacen o no explícitas en el grupo. Otros temas, por el contrario, tienen pocas implicaciones emocionales y pueden ser tratados en una reunión o sesión grupal de un modo más pragmático. Por ejemplo, la ansiedad normal ante el trabajo grupal de problemáticas que implican elaboraciones y duelos, como sucede en los cuidadores familiares de pacientes con demencia, otras dependencias graves o necesidades especiales, son indudablemente muy elevadas. Así, el tema va a determinar el programa, su duración y orden de las sesiones, los tiempos y recursos de elaboración grupal, que posibiliten grados de aprendizaje y cambio.

 

Lo señalamos porque es frecuente en intervenciones grupales educativas o comunitarias preparar exhaustivamente la intervención del coordinador y, sin embargo, este se acerca al grupo con relativo desconocimiento de lo que les supone a los participantes el aprendizaje de las situaciones tratadas. Ya dijimos que el plano dinámico y el plano temático están íntimamente relacionados, y no pueden separarse el tema y el cómo un grupo enfrenta los obstáculos ante lo nuevo, este es un aspecto clave, y poco difundido de la realidad grupal.

 

Conocer las implicaciones emocionales y vivenciales de los temas y problemáticas que abordamos al coordinar grupos es una exigencia ética. Es preciso saber lo que estamos tocando, las ansiedades que se mueven en lo latente de un grupo, puesto que como coordinadores nos corresponde contenerlas y encauzarlas de forma saludable. Y es importante que un grupo no genere daños, pues la movilización de ansiedades que no se pueden contener puede ser también dañina para los participantes. Esto implica una responsabilidad importante en la función del rol del coordinador.

 

6. Las ruedas

 

Las ruedas son un recurso metodológico muy valioso en el trabajo grupal, particularmente en los momentos de inicio y de cierre de las sesiones. Una rueda implica que los participantes pueden poner palabras a sus ideas y vivencias. Metodológicamente las ruedas pueden consignarse en el orden de colocación de las personas en el círculo, o de otros modos. En cualquier caso, las personas, al participar en la rueda, tienen la posibilidad pero no la obligación de la palabra.

 

Es importante que en la lectura grupal no identifiquemos participación con palabra. Se participa también sin lenguaje verbal. Se puede ciertamente participar mediante un silencio reflexivo, elaborativo, y no hablar en la rueda.

 

Destacamos que, pese a su sencillez, la rueda es un recurso metodológico muy potente, pues permite recoger emergentes grupales importantes que hubieran quedado latentes si el coordinador hubiera elegido usar otro recurso (particularmente, el debate abierto o la exposición con preguntas).

 

Esto nos remite a la cuestión de la participación grupal. Es importante saber que en las situaciones grupales las personas no se encuentran en igualdad de condiciones para participar. Aunque el coordinador sea una persona cuidadosa y cálida, multitud de condiciones subjetivas y grupales determinan que una persona pueda o no participar en un momento dado en un grupo y se anime a decir algo. También puede ser engañoso pensar que el grupo está participando en la tarea si lo vemos «en animada charla». El que en un grupo se pueda expresar o no una cuestión realmente trascendente para el tema y tarea planteados depende de los obstáculos y las ansiedades del plano dinámico. La lectura del proceso grupal no puede ser simplificada en unas pocas frases. Pero queremos señalar que la utilización de un recurso metodológico como una rueda puede hacer aflorar y explicitar muchas de estas cuestiones, y favorecer el progreso de la tarea grupal. La rueda genera participación real, y permite dar voz a la «mayoría silenciosa».

 

Es un recurso metodológico sencillo (aunque debe ser bien consignada) que permite que en un momento dado los participantes tengan su espacio de palabra, y que, aunque haya en el grupo personas más habladoras y otras más calladas, todos sientan que tienen su lugar, y que pueden ser escuchados por el grupo. Es importante cuidar metodológicamente que, aunque la rueda no implique obligatoriedad de palabra, no se interrumpe, ni por el grupo ni por el coordinador. Así se promueve la escucha activa (pues no se puede interrumpir reactivamente, ni juzgar las intervenciones) y el respeto. La rueda contribuye también a integrar los planos dinámico y temático. Ayuda a generar capacidad de espera, conciencia colectiva y autocontención.

 

La rueda es útil para fomentar la participación y la integración, pues permite ir dosificando la ansiedad de las personas por hablar en un grupo, según llega el turno, y favorece la posibilidad de escuchar mejor las intervenciones de los demás.; también evita las dudas de los integrantes sobre si es relevante o irrelevante lo que están pensando o quisieran decir. La rueda genera participación real, permite dar voz a la «mayoría silenciosa», y ayuda a explicitar emergentes y obstáculos grupales, para que puedan así ser abordados.

 

7. El trabajo en subgrupos

 

El trabajo en subgrupos permite que un grupo realice simultáneamente en varios equipos un trabajo consignado, seguido de una puesta en común, lo que constituye una de las prácticas grupales más usadas. Es importante conocer el sentido y los objetivos que cubre el trabajo por subgrupos para utilizarlo del modo más favorable al proceso grupal. La organización de pequeños equipos, de funcionalidad transitoria en un momento dado de la tarea grupal, posibilita una multiplicidad de liderazgos y despliega y enriquece la dinámica grupal en el afrontamiento de su tarea.

 

El trabajo interno en el subgrupo promueve un clima de mayor intimidad y confianza que el grupo grande; el coordinador no está presente, las personas pueden expresarse con mayor facilidad, y se favorecen relaciones interpersonales más directas. El trabajo por subgrupos rentabiliza los tiempos de elaboración, amplía los puntos de vista y enriquece la producción de ideas. Los subgrupos son un recurso muy potente en los momentos elaborativo y de integración-evaluación y cierre grupales, pues facilita la integración de la temática trabajada y la realización de síntesis.

 

Los subgrupos ayudan a centrar la tarea, también favorecen la rotación de los roles grupales y la expresión de emergentes, fomentando la participación real y dando voz a la «mayoría silenciosa».

 

Importa cuidar el momento y el objetivo de una tarea por subgrupos (si se usan en el momento de planteamiento temático o en el momento elaborativo, por ejemplo), la claridad de la consigna, el número de integrantes, el tiempo de trabajo y el modo y tiempo de puesta en común.

 

 

El rol del coordinador de grupos

 

Quien tiene la función asignada de cuidar y contener al grupo es el coordinador o coordinadorad. Como hemos señalado antes, un grupo es una realidad viva, compleja y particular. Por eso, coordinar un grupo no es «manejar», «dirigir», «enfrentarse» al grupo, y en este sentido a menudo es necesario corregir un lenguaje habitual, que emplea términos como estos. Con un grupo, uno puede «relacionarse», «acompañar» «co-pensar». Quien coordina un grupo tiene una función específica, diferente a la de otros participantes: es la persona encargada de cuidar el proceso grupal y de que el grupo cumpla su tarea. La función de la coordinación es acompañar al grupo mientras afronta y va resolviendo las ansiedades frente al cambio; entendiendo que, por ejemplo, la ansiedad para trabajar en grupo sobre la demencia de un familiar será mayor que para aprender el uso de un tratamiento sencillo.

 

El proceso grupal también depende de factores individuales de los participantes, de las temáticas abordadas y varía según los momentos y conflictos por los que el grupo vaya atravesando. La función del coordinador es ir acompañando al grupo en su tarea, ante los previsibles obstáculos.

 

También es necesario señalar que el aprendizaje grupal logrado depende del propio grupo, y no es un logro personal de quien lo coordina, de su capacidad o de su perspicacia. Si un grupo no quiere, o tiene demasiados obstáculos, probablemente su objetivo no se cumplirá. Así que es importante aclarar que el coordinador, aunque acompaña y cuida el proceso, guiando al grupo en su tarea, no tiene en su mano controlar todos estos factores y «no puede controlarlo todo». Puede cuidarlo con el mayor conocimiento, atención y esmero. Pero entender el cambio en el grupo como resultado «de lo que haga como coordinador» es una actitud de omnipotencia que le bloquea en su tarea de lectura del proceso grupal. Es necesario movernos de ese lugar de omnipotencia, y para ello lo primero es hacer esto explícito.

 

La responsabilidad del coordinador del grupo está en tener un cierto grado de entendimiento de los procesos grupales, e ir leyendo el grado de ansiedad que le supone al grupo la tarea a la que se enfrenta, para ayudarle a cumplirla.

 

Y desde el uso de la comprensión de los procesos grupales para su utilización como dispositivo de intervención, hay muchas cuestiones que nos sirven de herramientas valiosas. Cuestiones ya referidas, como el Hilo Conductor que tenga en cuenta las ansiedades del proceso respecto a los temas, la elección (en la fase de programación) de los recursos metodológicos más favorables al objetivo, la claridad en la formulación de los objetivos, la realización de un buen encuadre, el manejo de los tiempos, y la atención permanente desde la coordinación al nivel de ansiedad grupal, para tratar de hacer explícitos los obstáculos que dificultan la tarea, manteniendo y procurando un clima grupal contenedor, son algunos de los aspectos básicos abordados en este trabajo. Todos estos temas quedan aquí presentados, sin intención de simplificar su complejidad, pero basta con ser tenidos en cuenta para facilitar la tarea de la coordinación.

 

La consecución de un clima grupal contenedor es el deseo de todo coordinador. A menudo se piensa que para lograr ese clima basta con utilizar «técnicas que dinamicen» el grupo. Nosotros consideramos que generar un clima de mirada al otro, de respeto, de participación real, con libertad para poder decir, y de escucha que no juzgue son elementos de una «sociabilidad de interacción» que los grupos pueden adquirir en su proceso si se dan las condiciones para ello, y siempre en función del punto de partida inicial.

 

Por eso queremos dejar claro que el «buen clima» grupal no se debe al uso por parte del coordinador de un repertorio de técnicas, sino que se relaciona con comprender el grupo como espacio y su proceso dinámico. La utilización de las técnicas ha de tener este sentido, y dichas técnicas deben ser entendidas como recursos que apuntan en esa dirección.

 

Por todo ello, es preciso entender mejor lo que es un grupo, saber que los grupos son los lugares donde nos construimos y transformamos como seres humanos, con toda su potencia en la intervención comunitaria y en las relaciones humanas y sociales, y que por tanto lo grupal merece el mayor conocimiento y cuidado12,13.

 


Agradecimientos

A Maricel Rebollar, al otro lado del Atlántico, porque su asesoramiento contribuyó a enriquecer algunas precisiones conceptuales del manuscrito.

A Mirtha Cucco, autora de la Metodología de los Procesos Correctores Comunitarios (ProCC) por la síntesis creativa de tan diversos saberes que aporta, por su compromiso con la transformación y el saber social, junto con muchos compañeros de camino, y por su apuesta en el rescate y reivindicación de lo grupal como instrumento necesario a profesionales y población.

Y a todas las personas empeñadas en que la Atención Primaria de Salud no pierda las señas de identidad que dieron lugar a su propuesta de trasformación del sistema sanitario hegemónico, pues esta es una necesidad de los seres humanos, aunque continúe todavía, en una gran parte, pendiente de realización.


 

Bibliografía

1. Pichon Rivière E. Del psicoanálisis a la psicología social. El proceso grupal. Buenos Aires: Nueva Visión; 1980.

2. Cucco M. El método de Grupo Formativo. Sus principios metodológicos. I Taller Nacional de Coordinadores de Grupo Formativo. [Internet]. La Habana, Cuba; 2004. Disponible en www.procc.org.

3. Cucco M. ProCC: una propuesta de intervención sobre los malestares de la vida cotidiana. Buenos Aires: Atuel; 2006. p. 185-226.

4. Aguiló E. Los profesionales sanitarios y la comunidad, ¿necesidad o utopía? Conferencia de apertura del VI Encuentro PACAP 2004. Comunidad. [Internet]. 2004 (7). Disponible en: http://www.pacap.net/es/publicaciones/pdf/comunidad/7/noticias_recursos_profesionales-sanitarios.pdf

5. Bauleo A. Contrainstitución y grupos. Madrid: Fundamentos; 1977.

6. Bauleo A. Ideología, grupo y familia. México: Folios Ediciones; 1982.

7. Rebollar M. Estudios de los grupos: orígenes y desarrollos. En: Rebollar M. Intervención comunitaria. La Metodología de los Procesos Correctores Comunitarios, una alternativa para el crecimiento humano en la comunidad. La Habana: Cenesex; 2003.

8. Rebollar M. El proceso grupal, En: Rebollar M. Intervención Comunitaria. La Metodología de los Procesos Correctores Comunitarios, una alternativa para el crecimiento humano en la comunidad. La Habana: Cenesex; 2003.

9. Fernández AM, Cueto A. El dispositivo grupal. En: Pavlovsky E et al. (coord.). Lo grupal. 2. Buenos Aires: Búsqueda; 1985. p.13-56.

10. Aguiló, E. Los grupos en atención primaria y los malestares de la vida cotidiana. AMF. 2010;6(7):372-81.

11. Cucco M, Sáenz A. Escuela para madres y padres. Una propuesta de transformación social. Serie Contraconsenso. Madrid: Nuevos Editores; 2013. p. 23-37.

12. Aznar M. Los Grupos de Padres, la Promoción de la Salud y la Escuela. ¿Sirven por igual todas las escuelas de padres? Clínica Contemporánea. Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. [Internet]. 2014;5(3):231-56. Disponible en: http://dx.doi.org/10.5093/cc2014a17.

13. Cucco M. Necesidad, satisfacción, vínculo, base y fundamento de la subjetividad. Cuadernos de Psicomotricidad. [Internet]. 2011 (41). Escuela de Psicomotricidad de la UNED Bergara. Disponible en: http://www.procc.org/pdf/Necesidad_satisfaccion_vinculo_Aportaciones_Pichon.Cucco.2011.pdf

 

 

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Notas

a Este artículo es un extracto de otro del mismo título y autoría que presenta las cuestiones relativas a las fuentes de conocimiento de lo grupal y las contradicciones y dificultades de lo grupal en el ámbito de la AP con mayor extensión. Disponible en: http://www.procc.org/pdf/AP11.Los_grupos_y_la_intervencion_comunitaria_Aguilo_y_Losada_2015.pdf Los lectores interesados en profundizar sobre lo grupal encontraran también más referencias bibliográficas y otras lecturas recomendadas en esta página web.

b En algunos textos y autores puede verse que el término «dinámicas» se usa como sinónimo de técnicas o recursos metodológicos grupales. Nosotros no lo usamos así. El término «dinámico», desde la perspectiva de los autores de la Psicología Social, hace referencia a todo el plano dinámico del proceso grupal, y abarca mucho más que el uso de un recurso metodológico u otro. Ahora bien, es claro que quien coordina un grupo, al elegir un recurso u otro, está buscando influir en la dinámica grupal, de ahí la utilización del término en ese sentido.

c Desde la Metodología ProCC se establecen cuatro momentos diferenciados en una sesión de grupo (Método Grupo Formativo): Momento Inicial, Momento de Planteamiento Temático, Momento Elaborativo propiamente dicho y Momento de Integración, Evaluación y Cierre.

d La función asignada de cuidar y contener al grupo es «la coordinación», que en condiciones óptimas se ejerce desde dos roles diferenciados y complementarios, el rol de coordinador y el de observador. Esto permite, dentro del equipo coordinador de un grupo, que una persona quede liberada del peso de la palabra y la interacción inmediata para concentrar su atención en la lectura del proceso grupal y pueda después, en co-trabajo estrecho con el coordinador, establecer hipótesis acerca del acontecer grupal.

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